Crecí con padres que trabajaban de noche. Si pudiera volver atrás y decirle a mi padre una sola cosa, sería esto.
Por Alba Ferrero · Cronobióloga
Lectura de 5-7 minutos
Por qué nada de lo que probabas iba a funcionar de verdad. El problema no estaba en el turno como tal.
De pequeña, lo que más recuerdo es el silencio.
Mi padre hacía turnos rotativos en una fábrica. Cuando le tocaban noches, llegaba a casa sobre las siete de la mañana y se metía en la cama. Mi madre nos mandaba a mi hermano y a mí al salón con la tele bajita y la puerta cerrada.
«No hagáis ruido, que papá duerme.»
Esa frase fue la banda sonora de mi infancia.
Por las tardes, cuando se levantaba, estaba pero no estaba. Tenía los ojos abiertos, se sentaba con nosotros, pero era como si hubiera una pared de cristal entre él y el mundo. Hablabas y no procesaba. Le pedías algo y tardaba segundos en reaccionar. A veces saltaba por cualquier cosa — un portazo, una discusión entre hermanos — y se iba al dormitorio sin decir nada.
Mi madre decía: «está cansado.» Y con eso se explicaba todo.
Yo no lo entendía entonces. Solo sabía que había semanas en las que mi padre era una persona y semanas en las que era otra.
Las semanas de días era pacífico, atento, gracioso. Lo veíamos menos horas, pero yo sentía que lo tenía más.
Pero las semanas de noches — que eran precisamente las que tenía las tardes con nosotros— era como un fantasma que vivía en nuestro pasillo.
De pequeña también te das cuenta de esas cosas. Aunque no sepas ponerles nombre.
No cuento esto para culpar a mis padres. Todo lo contrario. Hacían lo que podían con lo que sabían.
Mi padre trabajaba de noche para que no nos faltara de nada. Mi madre sostuvo la casa entera en silencio — y eso que a ella le tocaban guardias de noche una vez al mes.
Los quiero profundamente y sé que dieron todo lo que tenían.
Lo cuento porque lo que les pasaba a ellos no era culpa suya. Y lo que posiblemente te está pasando a ti tampoco es culpa tuya.
Durante años, la pregunta fue la misma: ¿por qué estaba así mi padre?
No era pereza. Lo veía levantarse cada día luchando contra su propio cuerpo. No era falta de voluntad. Lo veía intentarlo todo: café para aguantar, persianas para oscurecer, intentar acostarse en cuanto llegaba.
Nada bastaba.
Esa pregunta me acompañó hasta la universidad. Y es la razón por la que acabé dedicando mi carrera a estudiar cronobiología — la ciencia que estudia cómo el cuerpo regula sus ritmos internos y qué pasa cuando se rompen.
Lo que descubrí después — tras más de 10 años tratando con madres y padres que llegaban con el mismo cansancio que tenía mi padre — le dio sentido a todo lo que había vivido de pequeña.
Y también le quitó la culpa de encima a mis padres.
Porque lo que les pasaba no era carácter, ni edad, ni falta de esfuerzo. Era biología. Pura biología que nadie les había explicado.
Lo que vi cuando empecé a trabajar con personas a turnos:
Tras acabar la carrera, empecé a especializarme en personas que trabajan de noche. Y lo primero que me sorprendió no fue lo mal que estaban — sino todo lo que ya estaban intentando.
Nadie venía de vacío.
Persianas bajadas a tope, tapones, antifaz, controlar las horas de café, comer ligero antes de dormir, melatonina en pastilla (la hormona del sueño), magnesio, valeriana.
Hay quienes llevaban años con rutinas que habían ido montando a base de prueba y error.
Y nadie estaba tirando su tiempo y esfuerzo a la basura.
Lo supieran o no, estaban intentando hacer lo correcto.
Reajustar su ciclo circadiano — el reloj interno que controla nuestro cuerpo y le dice cuándo dormir, cuándo estar activo y cuándo repararse.
(Que es la clave para no pasar de la cama al modo zombie, sino levantarte sintiéndote persona antes de que media tarde ya se te haya ido.)
La que oscurecía la habitación le estaba intentando decir a ese reloj que era de noche. La que tomaba melatonina, más de lo mismo. La que controlaba el café, estaba intentando no interferir con él.
Pero cuando te parabas a mirar por qué cada una de esas cosas ayudaba solo a medias, la respuesta siempre era la misma.
Todo eso — la melatonina, la oscuridad, las rutinas, el ejercicio — son formas de intentar controlar ese reloj. Y algo ayudan, sí.
Pero el controlador principal — la señal más potente que reciben nuestros biorritmos, más que cualquier pastilla, más que cualquier rutina; lo que determina si tu reloj interno sabe que es de noche para ti o sigue creyendo que es de día — es la luz que entra por tus ojos.
Investigadores de Oxford demostraron que la sensibilidad máxima del sistema circadiano está en la señal luminosa que recibe tu retina — no en lo que comes, no en cuándo haces ejercicio, no en qué suplemento tomas.
(Estudio citado: "La luz es el zeitgeber más potente del sistema circadiano humano, por encima de la alimentación, la temperatura, la medicación y el ejercicio físico." — Frontiers in Pharmacology, 2023. Fisk, A.S. et al., Universidad de Oxford / compilación de Ruan, W. et al., 2021.)
La luz azul y tu hormona del sueño
Pero no cualquier luz.
En tu retina hay un grupo pequeño de células (las células ganglionares) — apenas un 1-3% del total — que no sirven para ver. No forman imágenes. Su única función es detectar unos tipos de luz muy concretos.
Entre ellas, la luz azul. (Que es la banda de 460 a 480 nanómetros en el espectro de la luz.)
Cuando esas células detectan luz azul, mandan una orden directa al cerebro: suprime la melatonina. Y tu hormona del sueño se desploma.
Y sin melatonina, tu cuerpo no entra en sueño profundo.
Duermes poco. Duermes, pero no reparas.
Básicamente, la melatonina — y la capacidad natural de tu cuerpo para producirla y controlarla — es el mando principal de tu ritmo circadiano.
De tu reloj biológico.
Eso sí, la luz no es lo único que influye, pero sí es, con mucha diferencia, la señal que más manda.
De hecho, en Estados Unidos, el propio CDC (el Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades), a través del NIOSH, (el Instituto Nacional para la Seguridad y Salud Ocupacional), lo recomienda así de claro:
Gestionar la exposición a la luz — especialmente la luz azul — es la estrategia principal para quienes trabajan de noche.
No un complemento. La estrategia principal.
(Fuente: CDC/NIOSH — recomienda la gestión de exposición a luz azul para trabajadores nocturnos. "Coping with the Night and Evening Shifts: Light." — National Institute for Occupational Safety and Health, Centers for Disease Control and Prevention.)
¿Pero de dónde viene exactamente esa luz azul?
De los fluorescentes de tu trabajo — que emiten un pico en exactamente esa banda.
Del sol de la mañana camino a casa — la luz más cargada de azul de todo el día, directa a tus ojos, justo cuando más necesitas dormir.
Incluso de la luz de casa al llegar — cocina, baño, pasillo, móvil — que parece poca cosa, pero se suma justo cuando tu cuerpo está intentando hacer lo contrario.
Y aquí es donde las persianas, el antifaz y la oscuridad de la habitación se quedan cortos.
Todo eso actúa DESPUÉS — cuando ya estás en la cama. Pero la señal ya ha llegado.
Los fluorescentes del turno llevan horas activando esas células. El sol de la mañana les da el golpe final camino a casa. Y las luces en casa y el móvil ya lo acaban de rematar del todo.
Para cuando bajas la persiana, tu melatonina está por los suelos.
Es como cerrar el grifo cuando el suelo ya está empapado.
Y esa es también la razón por la que muchas personas toman melatonina y dicen “algo noto, pero no me basta”:
Están intentando añadir sueño desde fuera cuando la luz ya le ha dicho a su cerebro que todavía no toca dormir del todo.
Y ojo: unas gafas de sol al salir del turno siempre serán mejor que nada. Algo de luz azul bloquean, claro. Pero el problema es que oscurecen la luz en general, todo el espectro, y eso puede dar la sensación de que ya estás protegida de sobra.
Cuando en términos de luz azul — que aquí es la que más importa — muchas se quedan cortas.
Filtran algo, sí. Pero no filtran lo suficiente como para que tu cuerpo lo note realmente.
Las que ya lo habían descubierto
Algunas de las madres y padres que me consultaban — las más sofisticadas, las que habían investigado más por su cuenta — ya habían dado con esto.
Son las que venían con unas gafas de color naranja.
Seguro que las has visto en redes. O algún compañero de trabajo las usa.
Desde las de Amazon a 15 euros hasta las premium de más de 200.
Lo que hacen es filtrar la luz azul — esa banda de 460-480 nanómetros en el espectro de la luz — antes de que llegue a las células de tu retina.
No después, como la persiana, el antifaz y los suplementos.
Antes. Interceptan la señal en origen.
Y tiene toda la lógica del mundo, si el problema es que la luz azul le dice a tu cerebro «elimina la melatonina», y tú pones un filtro que bloquea esa luz antes de que toque la retina — tu cerebro no recibe la orden.
Tu melatonina se mantiene, se produce de manera natural y normal. Y puedes obtener una especie de noche biológica aunque fuera sean las 12 de la tarde.
Por eso, las que ya estaban utilizando estas gafas naranjas, notaban más mejoría que las demás.
No estaban intentando empujar el reloj. Estaban actuando directamente sobre la señal principal.
Laura era una de ellas. Enfermera de urgencias, madre de una niña de 4 años, que llevaba ya meses usándolas. Me dijo:
«Alba, algo noto. Pero sigo levantándome sin la energía que debería. Y sigo saltándole a mi hija por todo. ¿Qué me falta?»
Lo que faltaba
Las personas que ya estaban usando las gafas naranjas se encontraban mejor que las demás — notablemente mejor. La ciencia lo respaldaba. No era placebo. Funcionaba.
Pero seguían viniendo a verme. Seguían arrastrándose. Seguían sin paciencia. Seguían olvidando cosas. Seguían sin ser ellas mismas por las tardes.
Algo no cuadraba.
Teníamos la herramienta más directa que existe para regular el reloj interno — un filtro que bloqueaba esa señal equivocada que le hacía creer al cerebro que, para ti, todavía era de día.
Y aun así, no era suficiente.
Me pasé semanas metida en la investigación: Estudios sobre espectro de luz y hormonas. Sobre qué frecuencias afectan qué sistemas. Sobre qué le pasa exactamente al cerebro de alguien que sale del turno y le da el sol de las ocho de la mañana en la cara.
El error era este: todos — yo incluida — estábamos asumiendo que el ritmo circadiano se basaba principalmente a través de una sola hormona.
La melatonina. La hormona del sueño. Mediante la luz azul.
Pero la melatonina no trabaja sola.
Hay otra hormona que baila con ella.
Cuando una sube, la otra baja. Como un balancín.
Durante millones de años, el sol hizo esa danza por nosotros:
Luz azul de día, una arriba y otra abajo. Luz naranja al atardecer, se van intercambiando. Oscuridad, invertidas.
Tu cuerpo nunca tuvo que pensar en esto.
Esa hormona es el cortisol.
Y sé lo que estás pensando — el cortisol es la hormona del estrés.
Es verdad, pero esa es solo una cara.
El cortisol también es lo que te da energía real por la mañana, paciencia con tus hijos, capacidad de concentrarte, de recordar cosas, de estar presente.
Cuando está donde debe, eres tú.
Cuando se dispara a deshoras — que es lo que pasa cuando trabajas de noche — saltas por todo, olvidas cosas, hasta puedes llegar a responder mal a tus hijos sin querer.
Eso era lo que le pasaba a mi padre. Y a algunos de los padres y madres que venían a verme a mi consulta.
Aquí es donde todo encajó.
La melatonina responde a la luz azul — la banda de 460 a 480 nanómetros en el espectro de la luz.
Las gafas naranjas que usaban mis pacientes filtraban esa banda. Por eso dormían algo mejor.
Pero el cortisol responde a una banda más amplia — hasta los 550 nanómetros, la franja de la luz verde.
Una revisión de 2023, publicada en la revista Life, analizó 12 estudios con 337 participantes y lo confirmó:
la regulación del cortisol depende de la composición espectral de la luz verde.
(En esa revisión se analizaron 12 estudios en humanos con 337 participantes. La conclusión fue consistente: el cortisol cambia según el espectro de luz recibido, en concreto de la luz verde, no solo según la intensidad.)
Las típicas gafas naranjas filtraban la luz azul. Pero dejaban pasar la verde.
Tu reloj interno no se organiza alrededor de una sola hormona, sino de dos que trabajan siempre en pareja.
La melatonina le dice al cuerpo «es hora de dormir», el cortisol le dice «es hora de estar despierta».
Cuando una sube, la otra baja.
Para que tu reloj cuadre de verdad, las dos tienen que estar donde toca en cada momento.
Si solo consigues ordenar una y la otra sigue descolocada, por dentro sigues yendo a destiempo.
Por eso Laura dormía algo mejor pero no mejor del todo, seguía sin paciencia y aún se encontraba exhausta.
Su melatonina mejoraba. Su cortisol, la otra cara de la moneda— seguía completamente expuesto.
70 nanómetros. La diferencia entre controlar solo tu melatonina y controlar también tu cortisol.
Entre controlar a medias tu reloj interno y controlarlo entero.
Puedes comprobarlo tú misma.
Haz memoria: ¿alguna vez has salido del turno muerta de sueño, has caminado 15 minutos bajo el sol de la mañana, te has metido en la cama… y de repente ya no tenías tanto sueño?
Ahí la consecuencia más evidente es que la luz azul está suprimiendo tu melatonina en tiempo real — justo la hormona que necesitabas alta para dormir al llegar — pero no pasa solo eso: esa misma exposición también empuja tu cortisol en la dirección contraria, manteniendo a tu cuerpo más “arriba” de lo que debería.
Y luego lo notas otra vez por la tarde: te puedes levantar irritable, cansada, como si no hubieras recuperado del todo. Ahí lo más visible ya es el cortisol desordenado, sí, pero vienes también de una melatonina bloqueada cuando más la necesitabas.
No son dos problemas separados.
Es la misma luz, fuera de hora, alterando las dos partes del sistema a la vez.
Y no, no es opcional: le pasa a cualquier cuerpo humano expuesto a esa señal en ese momento.
Cuando la luz da, el cortisol sube y la melatonina baja.
Las dos bandas. Las dos hormonas. Que controlan tu reloj interno.
En el gráfico: Línea naranja = nivel de cortisol.
Línea azul = nivel de melatonina
Las busqué. Y las encontré. Pero antes, me topé con todo lo demás.
Busqué lentes que cubrieran el espectro completo — la banda azul de la melatonina y la verde del cortisol.
Y lo primero que descubrí es que la mayoría de lo que hay en el mercado no se acerca.
Las gafas de óptica que son transparentes y se venden como “anti luz azul” bloquean apenas un 20% de la misma. Ni efecto ni mención alguna sobre la luz verde.
Las típicas gafas naranjas de Amazon a 15 euros sí filtran la banda azul, y por eso algunos estaban notando mejora. Pero cuando miré las especificaciones técnicas, el filtro se quedaba corto en la franja que importaba para el cortisol. La banda verde pasaba. Y la calidad de la lente variaba tanto de un modelo a otro que algunas dejaban pasar más de lo que decían bloquear.
Las gafas naranjas caras que venden algunas marcas posicionándose como premium a 200 euros me sorprendieron más.
Muchas usaban el mismo tipo de filtro que las naranjas baratas — mejor montura, mejor acabado, pero el mismo espectro de bloqueo.
Pagabas diez veces más por la misma protección parcial.
Ninguna cubría la banda verde de forma consistente. Ninguna protegía las dos hormonas. Ninguna controlaba el ritmo circadiano al completo.
Hasta que di con una marca que sí lo hacía.
Gafas que filtraban el espectro completo. La banda azul de la melatonina y la verde del cortisol. Las dos mitades de la danza.
No porque dijera “anti luz azul” en la caja — eso lo dicen muchas — sino porque usaba una lente diseñada específicamente para trabajadores nocturnos, capaz de filtrar de forma estable hasta los 550 nanómetros (luz azul y verde), en un 99.9%, dependiendo del modelo.
Ahí estaba la diferencia.
Las transparentes de óptica suelen usar filtros cosméticos pensados para pantalla. Las naranjas baratas suelen bloquear la azul, pero se quedan cortas en la verde. Y muchas de las caras hacen exactamente eso mismo, solo con mejor montura.
Esta no.
Esta cubría el espectro que importa de verdad cuando sales de turno y tu cuerpo necesita que el cerebro entienda que, para ti, ya es de noche.
Fue la primera vez que sentí que alguien había diseñado esto pensando de verdad en las personas que viven del revés biológico.
Y sinceramente, ya iba siendo hora, porque durante años, este problema se ha intentado resolver con soluciones genéricas para una realidad que no tiene nada de genérica.
Me las guardé.
No quería recomendar nada sin ver qué pasaba.
Empecé con las personas con las que más trabajaba. Una a una.
Lo que empezó a pasar es lo que me convenció de escribir este artículo.
Lo que pasó cuando empecé a referir A Turnos Health.
Empecé a recomendar estas gafas.
Las gafas de A Turnos Health.
Algunas ya usaban las típicas gafas naranjas, otras tenían sus propias rutinas y otras aún no habían probado nada.
Las primeras semanas no quería sacar conclusiones precipitadas. Pero los mensajes empezaron a llegar.
La primera fue la propia Laura. A las dos semanas de cambiar sus gafas naranjas por las de A Turnos Health, me escribió:
«Albaa, no es que duerma más. Es que me levanto siendo persona. Y mi hija lo nota. Aye me dijo que no estaba tan “triste” jaja y casi me echo a llorar.»
Después vino Jesús. Auxiliar de clínica, padre de dos, llevaba años arrastrándose:
«Los primeros días pensé que igual me lo estaba imaginando la verdad. Pero a la tercera semana mi mujer me lo comentó también. No duermo más horas como tal (por ahora, aún me levanto un poco antes de lo que me gustaría), pero me levanto mucho menos arrastrado. Y solo con eso ya son 45 minutos ganados de tarde con los peques que antes perdía intentando arrancar»
Y luego Carmen. Madre soltera, guardia de seguridad, dos hijos. Ella me escribió algo que se me quedó grabado
«Te escribo para darte las gracias de corazón porque lo estoy notando muchísimo más de lo que pensaba. Ya sabes que empecé las noches para poder estar más con ellos por la tarde, pero luego llegaba tan rota que muchas veces era como si no estuviera realmente. Ahora no te diría que soy otra persona, pero sí que llego bastante mejor, más tranquila y más presente. Y mis hijos también lo están notando. Gracias ❤️»
Fue al ver estos resultados — no uno, sino un patrón — cuando decidí que tenía que hacer algo más que referir una a una.
El Protocolo del Atardecer Circadiano
¿Recuerdas cómo es un atardecer?
La luz va cambiando poco a poco.
De blanca a amarilla. De amarilla a naranja. De naranja a roja.
Hasta que oscurece.
Esa transición gradual es lo que tu cerebro lleva millones de años usando para ir bajando el cortisol y subiendo la melatonina de manera natural.
Lo que regula tu reloj biológico.
Para lo que tu cuerpo ha sido diseñado.
Es la señal natural que prepara al sueño profundo, reparador e ininterrumpido, que te permite recuperarte de verdad y volver a ser tu yo real.
Tu turno te roba esa transición.
En lugar de un atardecer gradual, tu cerebro pasa de fluorescentes a sol directo a oscuridad de persiana.
Sin transición. Sin tiempo.
El protocolo que recomiendo a las personas con las que trabajo tiene tres fases. Como un atardecer:
Lente amarilla — «La tarde.»
Empiezas a proteger tu producción natural de melatonina. Y ya vas un paso más allá que casi todo lo que hay en el mercado. (Filtra ~70% de luz azul · ~20% de luz verde)
Las puedes usar durante el turno. Es la menos invasiva de las tres y está pensada para protegerte sin molestarte: filtra la parte más dura de fluorescentes y pantallas, pero sigue siendo cómoda para trabajar, moverte y hacer vida normal. La mayoría de gafas del mercado se quedan aquí, en la banda azul. Esta ya empieza a actuar también sobre la luz verde — la que regula el cortisol — aunque sea en su primera capa. Es la forma más fácil de empezar a guiar a tu cuerpo sin tener que cambiar nada más.
Lente naranja — «El atardecer.»
Consigues tus niveles máximos de melatonina. Y el cortisol empieza a ceder de verdad. (Filtra ~99.9% de luz azul · ~70% de luz verde)
Las puedes usar al final del turno o de camino a casa. Aquí es donde estas lentes se separan de todo lo que ya conoces: la naranja estándar (da igual que sea de Amazon o de una marca de +200€) filtra la banda azul y deja pasar la verde. Esta no. Con un 70% de filtro en la banda verde, tu cortisol ya no recibe la señal que lo mantiene activo cuando no toca. Es el puente entre seguir despierto por obligación y empezar a decirle a tu cuerpo que el día, para ti, ya se ha terminado.
Lente roja — «La noche.»
Conservas toda tu melatonina y eliminas todo cortisol perceptible al reloj biológico.
(Filtra ~99.9% de la luz azul y verde)
Las puedes usar desde que llegas a casa hasta que te metas en la cama. Bloquea la luz azul y verde al 99,9%. Las dos señales. Las dos hormonas. Tu reloj interno, por fin, donde tú decides — no donde el turno lo deja. Es la manera más directa de crear una noche biológica real cuando el mundo exterior no te la da.
Y sé que, a primera vista, puede parecer un lío.
Otra cosa más. Otra rutina más.
Pero en la práctica no lo es tanto.
No tienes que preparar nada, ni seguir un protocolo imposible, ni acordarte de diez pasos.
Es simplemente ponértelas en el momento en que toca.
Y si un día no quieres complicarte, la roja sola al llegar a casa ya marca una diferencia real.
De hecho, esa es precisamente la ventaja de tener las tres: no te complican, te dan flexibilidad.
Algunas personas hacen el protocolo completo y otras lo adaptan según el turno, el cansancio o cómo vengan ese día.
Yo misma las uso también, porque la salud circadiana importa muchísimo más de lo que creemos, no solo para los que trabajáis de noche, aunque a vosotros os afecta mucho más por desgracia, sino para cualquier persona viva en este mundo moderno en el que vivimos.
No necesitas hacerlo perfecto. Necesitas tener las opciones.
Nota: La UGT prohíbe la conducción con lentes de color rojo. (Al igual que las gafas de sol por la noche, las que cambian de color con el sol y las lentes de color azul y verde intenso.)
Por qué escribo esto
Si mis padres hubieran tenido esta información, mi infancia habría sido diferente.
No lo digo como reproche. Lo digo como hecho.
Si alguien le hubiera explicado a mi padre lo que le pasaba a su cuerpo, y le hubiera dado una herramienta tan simple como unas gafas que le ayuden a controlar su reloj biológico, ayudándole a controlar la señal que estaba rompiendo su sueño — las tardes en casa habrían sido otras.
Esa es la razón por la que me dedico a esto. Y es la razón por la que estoy escribiendo este artículo ahora mismo.
Mi regalo para vosotros
He contactado personalmente con A Turnos Health y he conseguido algo para las personas que lleguéis a través de este artículo.
Pero antes de decírtelo, quiero que entiendas bien lo que hay detrás. Porque si no, parecería simplemente otra promoción más.
Una de las cosas que más me gustó de ellos fue precisamente esa sensación de que no están intentando venderte una “marca”, sino una solución útil.
Estas lentes están patentadas, han sido diseñadas específicamente para personas que trabajan a turnos.
De hecho, creo que es la primera marca centrada exclusivamente en este colectivo como tal, que no es poco vaya.
Y por nivel de especialización, perfectamente podrían moverse en precios mucho más altos que unas gafas de óptica normales, incluso en la franja de los 300 euros o más.
Pero no han querido jugar a eso.
Sus precios normales son de 79.95 € la amarilla, 84.95 € la naranja y 89.95 € la roja.
Pueden permitirse trabajar en ese rango porque tienen una relación muy cercana con el fabricante, sin demasiadas capas entre quien desarrolla la lente y quien la termina comprando, y no dependen de intermediarios que tienen que llevarse su parte.
Han preferido invertir en la calidad real de la gafa antes que en inflarla con packaging bonito, artificios de marca o beneficios exagerados.
Por eso no esperes una caja lujosa: llega en su caja de envío, con su bolsita protectora, estuche básico y ya está.
Lo que estás pagando aquí es la gafa, la lente y el filtro. No todo lo que muchas marcas le ponen alrededor para cobrar más.
Además, ofrecen un descuento fuerte a quienes compran por primera vez.
Pueden permitírselo porque una parte muy grande de sus nuevos clientes llega por recomendación de personas que ya las usan, en vez de por grandes campañas de publicidad.
Eso hace que no tengan que aumentar precios para rentabilizar el marketing. Y además la marca cada vez crece más gracias a que hay más boca a boca y se va haciendo efecto bola de nieve.
Por eso, han puesto el precio para nuevos clientes con un descuento de alrededor del 50% en todas sus gafas
La amarilla se queda en 38,95 €, la naranja en 41,95 € y la roja en 44,95 €.
Y puedes acceder a estos precios a través de su web.
Pero es que por encima de eso, han aceptado hacer una condición todavía más especial para quienes lleguéis desde este artículo.
Les conté lo que hay detrás de este texto — de dónde viene, por qué lo escribo — y quisieron poner de su parte para que el mayor número posible de personas pudiera probarlo:
El Protocolo Circadiano completo (las tres gafas: amarilla, naranja y roja) — por el precio de dos gafas amarillas.
Un 3x2 vaya.
Y sinceramente, me parece la forma más inteligente de probarlo.
Porque por el precio de la opción más básica por duplicado, te llevas el protocolo completo. Las tres gafas.
No una parte. No un parche.
La transición entera.
Si fueras a comprarlas por separado se quedan en 254,85€. Y con el descuento de bienvenida para primeros clientes, en 125,85€. Pero es que con este 3x2, te las llevas por tan solo 77,95€.
Y con envío gratuito a toda España, si no recuerdo mal. (Aunque solo con el 3x2).
Sinceramente, con que te pongas la roja al llegar a casa ya vas a notar cambios reales desde los primeros turnos. A partir de ahí, ya vas viendo cómo te lo montas — si quieres ir añadiendo la transición, si prefieres quedarte en usar solo una, si quieres ir variando según el día. No hay una forma incorrecta.
Yo misma voy variando. Hay noches que hago la transición entera antes de dormir, aunque tampoco tiene que ser muy larga — con 1 a 2 horas basta — otras veces es simplemente un rato con la naranja y luego la roja. A veces solo me pongo la roja directamente y ya.
Sí que noto más la diferencia cuando hago el protocolo más completo, pero con una sola también se nota.
Lo importante es hacerlo, no hacerlo perfecto.
Lo bueno de verdad viene con el tiempo, cuando el reloj circadiano lleva semanas recibiendo las señales correctas. Y se va engrasando. Y le vas enseñando a ponerse en hora.
Por eso te dan 30 días para probarlas desde que te llegan a casa — que es el tiempo aproximado que necesita tu biología para que notes de verdad de lo que va esto.
(Aunque sí, muchos ya lo notan desde los primeros turnos)
Porque si en 30 días no notas la diferencia — en cómo te levantas, en cómo estás esas tardes, en cómo estás con tus hijos — si no estás realmente satisfecha, te devuelven el dinero.
Se inicia una devolución, y cuando la reciban y vean que está todo en orden, te reembolsan.
Sé que probablemente estás pensando que ahora no es el momento. Que hay otras prioridades. Que ya has probado cosas y no han funcionado lo suficiente.
Pero piensa en esto: si tú no estás entera, tus hijos reciben la versión de ti que el turno deja. No la que realmente eres.
Esto no va de probar otra cosa más.
Va de por fin aplicar lo que dice la biología sobre el problema raíz.
Que ya ha mejorado la vida de muchas otras personas en la misma situación.
(A día de hoy, han ayudado a más de 22,000 personas en España con trabajos con componente nocturno.)
Patricia me escribió el mes pasado por whatsapp. Tiene un hijo de 5 años. Trabaja a turnos de noche desde hace tres:
«Lo fuerte no es que yo lo notara. Lo fuerte es que lo notó mi hijo antes que yo. Esta tarde me ha dicho: “mamá, hoy has estado más conmigo, me ha gustado mucho”. Me he quedado tocada, ya que no era solo cansancio, era todo lo que el turno me estaba quitando sin yo darme cuenta..»
Eso es todo lo que tengo que decir.
Nota: Ahora mismo el inventario de su almacén de España se ha agotado, por lo que están enviando las últimas unidades desde sus almacenes internacionales. Por eso el plazo de entrega está en torno a 2 semanas y, sinceramente, si te interesa probarlas, yo no lo dejaría mucho más por si acaban desapareciendo del todo por un tiempo.
(También puedes comprarlas por separado, mi recomendación sería la roja. Es la que más diferencia marca desde el primer día.)
Garantía de 30 días desde que te llega el producto a casa.
4.7/5 estrellas de valoración (+1,600 reseñas)
+22,000 personas que trabajan de noche en España transformadas.
Garantía de 30 Días
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Comentarios
Paco
¿Alguien las ha probado de verdad trabajando a turnos rotativos? Porque yo con las transparencias de óptica no noté absolutamente nada.
Sara L.
Yo sí. Las transparentes para mí fueron como no llevar nada. Con estas, la roja sobre todo, sí lo noto.
Paco
Eso sospechaba… que muchas de óptica sirven para pantallas, pero no para cuando sales del turno y te pega la luz de la calle.
Cristina D.
Lo que más agradezco es que no lo pinten como "duerme 8 horas y se acabó", porque no va así. Va de que las horas que consigues dormir te dejen medio recompuesta y de no pagar luego con tus hijos lo que te hace el turno.
Bea Moreno
Gracias por decirlo así. Es exactamente eso.
Ana Beltrán
Llevo años de noches y me ha dado rabia leer esto porque nadie nos explica estas cosas. Da para pensar que seamos tantos que nos ocurra esto y no había nadie que decidiera fijarse en nosotros.
Silvia Paloma
Yo pensaba que era cosa mía lo de salir muerta de sueño y despejarme en 10 minutos de camino a casa. Me impresiona ver que hay una explicación biológica tan clara.
José Vicente
No eres la única. A mí me pasa muchísimo, sobre todo en verano.
Luís
¿La roja se puede usar directamente al salir del trabajo o hay que hacer todo el protocolo sí o sí?
Mónica T.
Yo muchas veces uso solo la roja porque voy justa, y aun así noto diferencia. Pero teniendo las tres te adaptas mejor.
Tatiana
Soy madre soltera y trabajo a turno nocturno fijo. Leer "estar pero no estar" me ha dado en toda la cara.